Desarrollo de la regulación emocional.

Desde la infancia, el niño aprende a tener emociones, así como a regularlas. Los bebés poseen ya la capacidad de regular su experiencia, aunque sea muy rudimentario, por ejemplo, chupándose los dedos a sí mismos o llorando para expresar su malestar y provocar que los demás respondan tratando de aliviarles.

Al principio, los cuidadores del niño son los que regulan primariamente su expresión emocional, pero con el crecimiento ésta se vuelve más autorregulada, como resultado del desarrollo neurofisiológico, cognitivo, del lenguaje y de la autocomprensión. A medida que el niño crece, el desarrollo de habilidades de regulación de la emoción se convierte en esencial y le ayuda a organizar los procesos emotivos a la hora del control adaptativo de la conducta.

El desarrollo de la regulación de la emoción puede ser considerado como una de las mayores tareas del desarrollo en el terreno personal e interpersonal. Aprender a regular nuestras emociones de un modo sano constituye una tarea que requiere muchos años de práctica.

Factores que influyen en la regulación emocional. 

En el desarrollo de la regulación emocional influyen tanto factores externos como internos. 

Desde el nacimiento, los cambios que se producen en el desarrollo del funcionamiento neurofisiológico del niño proporcionan una mayor estabilidad de la emoción y de su control inhibitorio. El desarrollo de las capacidades de aurorreflexión y cognitivas (como la atención) viene pronto a colaborar en el proceso de autorregulación. Mientras las influencias externas de la regulación de la emoción se producen desde el nacimiento y continúan después desde que se haya logrado la regulación. El niño recién nacido no puede regular su activación emocional de modo consistente sin la ayuda de los que le cuidan y, frecuentemente, puede excitarse o desorganizarse en exceso.

El desarrollo de la regulación de la emoción puede ser el resultado de un esfuerzo conjunto entre el niño y la persona que lo cuida, lo que implica un esfuerzo corregulado y persistente por parte del individuo y del entorno social a través de la vida.

Los esquemas emocionales y la regulación emocional. 

Los sistemas emocionales de los niños están implicados en la evaluación rápida de lo que es bueno o malo para ellos. De esta forma, los niños, desde el nacimiento, experimentan sus sentimientos y tan pronto como pueden construyen esquemas de suficiente complejidad para poder construir un sentido personal consciente del sí mismo.

Para esa autoconstrucción lo que determina es la experiencia intersubjetiva que está asociada a sus propias reacciones emocionales automáticas.

La sensación del individuo de sí mismo se organiza alrededor de esquemas emocionales que se forman en las relación de vínculo afectivo. La regulación del afecto se desarrolla con la madurez y también a través de como las personas que cuidan al niño reaccionan antes sus emociones; éstas experiencias determinan la sensación de sí mismo basada en lo afectivo.

Las opiniones que los demás nos dicen sobre su experiencia emocional de uno, se sintetizan con la propia experiencia interna, dando lugar a grabaciones esquemáticas de la propia emoción y de la situación.  Y estos esquemas se convierten en estructuras centrales de la persona y guían su desarrollo posterior.

La regulación emocional se ve que va incrementando cuando el bebé puede llorar descontroladamente, cuando comienza a andar y busca ayuda y alimento, cuando el preescolar pueda nombrar y hablar acerca de sus sentimientos, cuando el niño en edad escolar pueda reducir el estrés y la ansiedad tales como redirigir la atención. Por otra parte, el adolescente y el adulto desarrollarán una autocomprension mucho mayor, así como formas más complejas de regular la emoción.

¿Cuáles son los principios básicos de la regulación emocional?
  •  La toma de conciencia de la emoción: saber lo que sentimos nos ayuda a reconectar con nuestras necesidades. Darle nombre a lo que sentimos nos ayuda a motivarnos hacia la acción que hay en la emoción.
  •  Expresión de la emoción: el afrontamiento expresivo nos ayuda a entendernos y clarificar nuestras preocupaciones y necesidades centrales. Evitar llorar o enfadarse son maneras de regularse desadaptativas.
  •  La propia regulación: que es la habilidad de tolerar y regular la experiencia emocional.

En la consulta guiamos y ayudamos a muchos niñ@s, adolescentes y adultos a regular las emociones de una manera más adecuada para sobrellevar mejor las situaciones cotidianas y las relaciones intra-interpersonales.

Bibliografía:

Greenberg, L., Paivo, S. (2009). Trabajar con las emociones en psicoterapia. Barcelona: Ediciones Paidós.

Siegel, D., Payne-Bryson, T. (2015). El cerebro del niño: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo. Barcelona: Editorial Alba.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *